La colocación de los años bisiestos, uno de cada cuatro años, fue
implantado por Dionisio «El Pequeño», un monje de Turquía que en torno
al año 200 (d.C) halló la diferencia entre lo que contaba el calendario
juliano y la realidad.
Dionisio «El pequeño» observó que para que todas las fechas coincidieran
en el tiempo, era preciso que febrero tuviera un día más, para hacer
realidad esas seis horas que de más que no se cuentan el resto de los
años.
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